Desde que comenzó esta voraz crisis, estamos inmersos en un continuo fluir de información sobre la deuda, los bancos y la grave situación económica en España que, en algunas ocasiones y durante el presente ejercicio, ha estado al borde del “crack”. En ese río constante de declaraciones y filtraciones, no existe más que una realidad. Y es que nuestra deuda del Estado con el Exterior, es de aproximadamente el 50 % de nuestro Producto Interior Bruto. Si nos basamos en los datos que publica el Ministerio de Economía y Hacienda en su web, a fecha de Agosto de 2010, la composición de ésta deuda exterior es la siguiente:
25% Francia
18% China
09% Japón
07% Alemania
06% Italia
15% Belgica-Países Bajos-Luxemburgo
12% Resto de la UE
08% Resto: Nacional, Otros Fondos Extranjeros,
Y esto hace un total de 510.876.000.000 €
Y qué puede hacer la sociedad?. Nada. El ciudadano “no entiende” de macroeconomía, de las sinergias económicas ad+3, ni de los momentos y las compensaciones. Pero si entiende que, si dividimos esta inmensa deuda entre la población Española, cada uno de nosotros debe a otros países 11.350 euros, de los que no sabe nada. Es decir, en una familia de 4 miembros, la deuda con el exterior es de 45.400 euros. Y el ciudadano debe preguntarse ¿por qué debo yo ese dinero a nadie?. Pues otros países lo han prestado para pagar, por ejemplo, el sueldo del diputado, del senador, del presidente del gobierno, para pagar ayudas a las entidades bancarias españolas, para el FROB, entre otras cuestiones mas “entendibles” por todos y estas son: parados, sanidad, educación, etc., etc. Bonito ¿verdad?
España está endeudada por encima de sus posibilidades. Traspasando una comparativa al ciudadano de a pié, una consideración: si cualquiera de nosotros va a solicitar un préstamo al cualquier banco, no se lo van a conceder si su endeudamiento personal excede del 35% de sus ingresos (y obviamente si obtiene una “calificación de solvencia” de AAA+++). Sin embargo, España está endeudada en un 165% sumando la deuda pública y la privada, en unos momentos además, de nulo crecimiento económico. A Francia le “debemos” la impresionante cantidad de 127.719 millones de euros, que es el 25% del total de nuestra deuda pública. A China le debemos más de 91.960 millones de euros, adquiridos en menos de una década. Con el sector de la Construcción y el del Automóvil agotados, principales motores de la economía española hasta ahora, resulta que para pagar la deuda vencida, el gobierno tiene que vender mas deuda, es decir, tiene que financiar el pago de los vencimientos. Si de nuevo trasladamos esto al ciudadano de a pié, sería lo mismo que solicitar un préstamo para pagar las cuotas de otro.
Por otra parte, seguimos instalados en los tipos de referencia cercanos al 1%. Esta situación nos convierte en “buscadores” de activos financieros, distintos del ahorro tradicional, más rentables y, por lo tanto de mayor riesgo. Pero en contraposición a esto, si se aumenta el precio del dinero, aumentan los tipos aplicados a hipotecas, prestamos y créditos, financiaciones y ello supone una menor capacidad de endeudarse por parte de las familias, las PYMES y todo el “creador” del tejido productivo empresarial. Aunque en la banca tradicional, los tipos aplicados a los ahorradores, siempre han ido en función de los tipos aplicados a los préstamos. ¿Cómo encajar todo esto? Hoy la banca se financia con la compra de dinero al 1%, con ese dinero compra deuda al estado al 3 ó al 4%, obteniendo así pingues beneficios sin riesgo. Ello supone que existen ingentes movimientos de capitales opacos, que no generan tejido productivo ni ayudan a crearlo, pues no se destinan a la financiación de las pymes.
Sumidos en esta “maraña de infidelidades”, la sociedad desconoce que los bancos ocultan sus verdaderos balances de manera que los activos inmobiliarios siguen siendo una pérdida irrecuperable, contabilizada con su valor de adquisición. De esta manera nunca sabremos que pérdidas tiene cada entidad. Sin embargo, desde el estado se les ayuda en sus fusiones y fusiones frías, a costa del Frob, y en definitiva a costa de nuestros impuestos. Lo que pasa con la banca en España no es diferente de lo que pasa en el resto del mundo occidental. Es paradójico. Son los dueños financieros del mundo. Son los que disparatan nuestra vida. Me decía un amigo: “-Cuando todo va bien, nos engañan con créditos fáciles y blandos, para destinarlos al consumo, a menudo consumo de productos de empresas donde tienen invertidos nuestros ahorros, para llevarse los beneficios de productos financieros (de los que desconocemos su origen, finalidad y rentabilidad real) que nos venden (si queremos esos créditos blandos) y nos siguen martilleando económicamente hasta dejarnos como el pollo del supermercado: pelados y sin entrañas. Pero si las cosas se ponen mal, chantajean al Estado para solicitar ayuda financiera con nuestros impuestos, porque si no lo hacen así, el crack económico será mucho mayor.”
En definitiva, la Banca es el amo de las vidas de los ciudadanos. Pues tienen el poder de orientar las políticas de una u otra forma, en buenos y malos tiempos, hacia sus intereses siempre y, como en los casinos: la banca siempre gana.
Por esto, aunque la deuda pública sea superior al PIB, aunque paguemos intereses desorbitados, aunque refinanciemos deuda y exista un masivo movimiento de capitales, da todo igual. Aunque los ciudadanos pudiéramos unirnos en un solo acto de rebeldía y retirar todos nuestros fondos de los bancos, estos nunca cedería. Tendrían un problema si, que nos traspasarían otra vez a los ciudadanos, pues harían un “corralito español” a la “argentina”. Así pues, la solución no es fácil, ni sencilla, aunque sí que desde el poder económico se podría plantear una cuestión divisoria del sistema financiero, a través de las Cajas, en el que por un lado quedaría la banca tradicional, modificada y actualizada y por otro, sin que se mezclen intereses de los ciudadanos, la banca de inversión y altas finanzas. De ésta manera, las Pymes, el ciudadano, las familias, los autónomos, obtendrían una financiación que, en definitiva es la creadora de tejido productivo, empleo y riqueza. Entre otros muchos, los cambios de modelo se hacen cada vez mas necesarios, son mas respaldados y, serán en éstos cambios donde se vea la recuperación socio-económica.
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